lunes, 13 de abril de 2015

AGATA OJO DE GATO






Argónida

En esa franja costera, al medio día, el cielo se blanquea en tal grado que se abren puntos ciegos en el horizonte, como túneles de luz que atraviesan las aves migratorias, dejando las charcas en penumbra. En tanto que de noche los esteros se cubren con una pesada negrura a ras de tierra, cual lenta marea de caparazones de artrópodos y ceniza que se enrosca en las piernas de los viandantes errabundos; algunos han contado que al cruzar aquel desértico paraje no eran capaces de distinguir los cordones de sus alpargatas, aunque eso no les impidiera divisar las estrellas.



(Ágata ojo de gato -- Jose Manuel Caballero Bonald)



domingo, 12 de abril de 2015

HAY DÍAS DE DOMINGO, DE LLUVIA O QUÉ SÉ YO








HAY DÍAS DE DOMINGO, DE LLUVIA O QUÉ SÉ YO
que parecen gozar en revolver mi vida,
y encuentran, a pesar de mi desorden,
tal vez en un cajón o en el bolsillo de alguna prenda vieja,
unos recuerdos fuera de contexto, cierto dolor sin lógica,
tan sólo algunos nombres pero un largo etcétera de ausencias.
Hay días, lo repito, que insisten en leerme las líneas de la mano,
y sale mi pasado a relucir, así, tan fácilmente,
como entender mi letra en un diario.

Y sin embargo existe,
escrito en una parte de mí que no conozco,
un trozo de papel indescifrable.
Yo no sé lo que arrastro, es la tristeza de aquel patio a las seis,
campanas a lo lejos, el olor de la tierra mojada,
una tarde de fiebre sin colegio
y un confuso amasijo de voces que me llevan
allí hasta donde puede dar de sí la memoria.
Pero también las dudas y los miedos,
una extraña ansiedad, el nerviosismo de mitad de septiembre
y esa especie de vértigo cuando miro hacia atrás
y esa niebla del tiempo que lo humedece todo.

Y es que apenas me sirve el cumplir años,
tener más experiencia, creerme que ya sé
cómo quedar a salvo de los escalofríos,
si luego llega un día y me demuestra
que aquí estoy yo, el de siempre, todavía,
que jamás cambiaré, que llevo dentro un sabor a imposible,
un puñado de sombras, unos sueños a medias
y estos tristes recuerdos que seguirán conmigo
cuando ya no me quede de la vida otra cosa.

viernes, 10 de abril de 2015

PARTIDA





Regresa de los vientos del otoño

El niño en la ventana de hospital
recuerda el día en que lo aislaron,
desde el octavo piso
les mostró a sus hermanos
el cartel de un ratón.

Último día en casa,
su espalda dormitaba
en agua tibia.

La madre llegó tarde
con su frasco,
el alivio bendito
del templo de las llagas.

Usamos el rosario para dejarlo ir.
La casa oscureció.
Pasaban el fariseo y el morboso
a contemplar al muerto,
a tomar café,
a bendecir lo que no habían perdido.

Aquella tarde
dejé una bolsa de dulces
en el brazo de mi hermano.

El viaje hacia la luz
podría ser la ensoñación
de un caramelo

jueves, 9 de abril de 2015

YO NO SÉ POR QUÈ SERÁ...(Pensó la Virgen María)







Hoy, ya me siento completa.
No me duele, esposo mío,
mi rosa recién abierta.
Sólo me duele ese olor,
ese olor alto a madera.

miércoles, 8 de abril de 2015

LIBRO DE CUENTOS







Sobre la antigua mesa de juegos infantiles
el volumen de cuentos escogidos.
El sol, igual que entonces,
derrama su promesa de luz inagotable sobre las viejas páginas.
Hoy vuelvo a ver, con dedos asombrados,
el paisaje de mis primeros sueños.
El corazón se comba bajo el peso del tiempo como una flor nevada.
Hubo un día que soñé con palacios de oro detenidos
al borde de un estanque. Con diamantes
lloviendo sobre el barro. Con montañas sonámbulas, con dragones domésticos.
Los años han pasado con esa exactitud impertinente.
Ahora,
ya conozco el sabor
-agridulce y perplejo-
de la hierba que crece al otro lado.
Y no siempre es más verde.
He visto transformarse muchas veces
sueños en calabazas,
promesas en harapos,
palabras en ratones asustados.
Quien cruza una frontera, apuñala las horas.
Ahora,
en este tiempo del que huyen las respuestas,
cuando vuelan los pájaros
tras comerse las migas derramadas sobre el musgo del bosque.

¿Cómo encontrar de nuevo el camino de regreso?

martes, 7 de abril de 2015

MEDEA







No sé lo que vio en mí cuando, atrevida,
jugándoselo todo a carta fija,
arriesgando prestigio, posición, riquezas, trono,
decidió que yo era aquel espejo que había estado buscando estérilmente.
Extraña su osadía al rescatarme de las garras fatídicas del monstruo
y seguirme la pista sin desmayo para que ni sirenas ni traiciones
pudieran evitar que yo alcanzara el sagrado destino.

Mira que tuvo que sufrir la pobre viendo con qué torpeza
manejaba los remos y entregaba mi rumbo sin recato.

Puedo certificar que algunas veces las más sabias mujeres se equivocan
y adoran a un amante inadaptado y mal dotado para celebrarlas.

Algunas veces, digo, les puede la pasión y, ya sin ojos,
se lanzan protectoras a unos brazos inútiles y blandos.

Persisten en su afán sin darse cuenta de que sólo unos pocos elegidos
estarán a la altura que demandan sus sublimes espíritus.
Yo sigo aquí agarrado a lo que queda de aquel barco magnífico.
Más me hubiera valido ser un rey.