Cuando se hunde mi lengua en las estancias
íntimas de tu boca
e invade como luz tu paladar, su cielo,
y minuciosamente, sabiamente
sorbe la pulpa humana de tu rostro,
el envés esencial de esa mejilla
donde sabes aún más a las raíces
de ti, en las humedades
que mojan tu palabra :
es allí, debajo de tu lengua,
donde mi lengua anida y acurruca
su pálpito caliente,
donde tropieza y se deleita y lucha
con la única dureza de tus dientes en guardia,
pálidos mensajeros de lo oculto,
balaustrada que asoma
desde tu calavera
y ciñe la lascivia de augurios y sombra
Alfonso Carreño