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domingo, 22 de septiembre de 2013

Cambra de la tardor



CAMBRA DE LA TARDOR


Aquí llega el otoño con su voz de ceniza,
desalentando sueños, cubriendo de hojarasca
las imágenes rotas que el corazón conoce.

Ante mi casa lloran las cañas azotadas
por el viento nocturno, y asciende hasta mi cuarto
el olor inquietante de la tierra mojada.

Conozco esta fragancia de carne entumecida,
de deseo imposible: es la estación del miedo.
La vida se derrumba como una torre endeble.

Amor, un dios decrépito, recorre Vinogrado.
Oigo bajo la lluvia sus pasos inseguros
y un bordón que golpea en los árboles muertos.

martes, 10 de septiembre de 2013

TRENOS DE VINOGRADO


TRENOS DE VINOGRADO


II

Ha enrojecido la yedra
en las paredes de Mallona.

Voz súbita
del tiempo inapelable.
Inesperada advertencia
de mi trigésimo otoño.

Tomo a traición mi vida. Calzadas de Begoña.
Ascao. Breve y sombría
calle de la Esperanza.

Besos arrebatados
en rellanos oscuros.
Pieles acariciadas
en madrugadas lentas.
Vinogrado insepulto.
Noches
de amor.
Vísperas
de tinieblas.



VI

Arroja al agua el último cigarro
y da la espalda al día que agoniza
como una rosa desventrada.

Como el viejo jesuita, bibliotecario en Patmos,
que cruza el puente interminable
hacia la otra ribera. Horas letales.

Frontera de la noche. Vinogrado.



VII

Partiré un día,
entre la lluvia tenue, Vinogrado.
Húmedas calles me verán marchar.
Plazas donde agoniza nuestra historia
de pueblo imperceptible.
Alamedas tediosas. Derrocadas
esquinas que veláis la soledad.

Cuándo nació el rencor. No me preguntes.
No hay visitas que hacer. Huele a mostaza.
Por el suelo, grasientas servilletas
y rodajas marchitas de limón.




domingo, 2 de junio de 2013

CANCIÓN PARA RECOGER EL AGUA SOLSTICIAL


CANCIÓN PARA RECOGER EL AGUA SOLSTICIAL

Soy hija del rey, Señora,
a coger la flor del agua
(Del Romancero tradicional)



En la lluvia de junio
cómo me eres extraña.
Cómo llenas el mundo
con tu voz inaudible.

Cómo tiendes las manos
en la bruma anegada,
grial de tibia penumbra,
cauce de húmeda luz.

Déjalo, no se enturbie
con el limo del tiempo
que revuelve la culpa
como un novillo herido.

Mudo fragor del beso.
De repente, qué tarde
de agrio remordimiento
me ha llenado la edad.

Reverdecen en vano
estos chopos. Tú sabes
de un dolor de raíces
que devorando va.

martes, 5 de marzo de 2013

ÚLTIMA SOLEDAD


ÚLTIMA SOLEDAD

Para la pintura de Jesús María Lazkano


Tal vez como si nunca hubiera estado allí.
Tal vez como si no se hubiera ido de allí.
Testigo del naufragio, de todos los naufragios.
Miró sobre los días nevascas y aluviones,
Inciertos sinclinales, tal vez como si nunca,
tal vez como si no, cantiles que alcanzaron
la estatura del miedo, la luz aquilatada,
ciudades irreales: la tuya, Vinogrado
de los muelles tendidos al viento del dolor.

Tal vez como si nunca hubiera estado allí,
tal vez como si nunca, tal vez como si siempre,
tal vez como si no, como si dulcemente
muriéramos de pronto en un naufragio gris.
Fábricas erigidas sobre la tierra yerma,
sobre la nieve cándida el fuego convertido,
tal vez como si siempre hubiese sido así,
en aire polvoriento, el aire en agua tersa,
y la ausencia del hombre en tiempo irredimible.

miércoles, 30 de enero de 2013

GABRIEL ARESTI, 1981



Seis años y tu verbo sigue dentro del mío
precisando las voces de este mundo en acecho.
Padre bronco, me diste la tormenta por techo,
la intemperie por muro y por predio el baldío.

Seis años hasta darte mi epitafio tardío,
largamente fraguado en el hondo despecho.
Sobre el erial cernías el vuelo insatisfecho,
gavilán de tiniebla, centinela sombrío.

Me legaste el destino del lobo solitario,
la desazón extrema, la amargura sin tasa
y la acerba certeza de no ser necesario.

Que en el yermo en cenizas no me falte tu brasa.
Que me acosen los perros por guardar tu expoliario.
Que me encuentre la muerte defendiendo tu casa.

viernes, 25 de enero de 2013

EN TORNO AL CASTICISMO



EN TORNO AL CASTICISMO

A Fanny Rubio, que me desaconsejó escribir en la lengua del Imperio.


Uno quiere a su lengua porque es materia y útil
del oficio escogido, pero no, quede claro,
por su más que dudosa belleza. Nunca he sido
amigo de postrarme ante los diccionarios.

Cabreros y ladrones, no monjes cluniacenses,
forjaron sus palabras sin brillo ni eufonía.
¿Qué cabía esperar de un hato miserable,
quemado por los soles, comido por la tiña?

Jamás tuve por cierto aquello del Espíritu,
del Genio de los Pueblos. Si escribo en español,
no es por Volkgeist alguno que en el albor de España
fluyera entre las barbas del Cid Campeador.

Aunque Rodrigo Díaz el de Vivar debía
fablar un castellano más recio que una aldaba.
Oíanlo los moros al pie de la alcazaba,
y no les alcanzaba al cuerpo la chilaba.

Con todo, no era el pobre un pozo de elocuencia.
Al paso de los siglos, afortunadamente,
nos fuimos refinando, pero la poesía,
de sobre está decirlo, no ha sido nuestro fuerte.

No obstante, hay excepciones. Catad: el Arcipreste.
Manrique. Garcilaso. Quevedo no era manco.
Incluso entre los vascos tuvimos una de ellas,
pero eso antes de Franco.

Detesto sobre todo a la canalla rancia
que hace de esta cuestión cuestión de patriotismo.
Nuestro maestro en estro, Jaume el Conqueridor,
es catalán, inglés y un poco filipino.

En cuanto a mí, la tribu de que procedo, dicen,
moraba ya en los flancos del alto Pirineo
allá cuando Caín sembraba cañamones,
y yo, que me lo creo,

no voy a mendigaros un plato de lentejas
ni un sitio junto al fuego. A ver quién se aventura,
hermanos amadísimos, a negarme el derecho
de primogenitura.

Y si de vez en cuando perpetro un vizcainismo,
que a nadie se le ocurra venir a darme vaya,
y menos a vosotros, pecheros del idioma,
que soy hidalgo viejo, del Fuero de Vizcaya.

martes, 18 de diciembre de 2012

La Montaña


LA MONTAÑA

Cerca de Vinogrado,
sobre el mar, se levanta la Montaña de Hierro.
Cornucopia esquilmada siglo tras siglo, roja
matriz de nuestro pueblo
carcomida por mor de la ganancia fácil.
Irrescatable sueño
que yace bajo túmulos de ganga
en los Siete Concejos.
Allí, en cárcavas hondas, se enterró para siempre
el precioso legado que no recibiremos:
el ingénito genio predatorio del vasco.
Por el mar se llevaron los barcos venaqueros
la dulce mena rubia, alimento de guerras,
y el fierro turbulento
—bilboes de Shakespeare, espadas tajadores,
roedores de yelmos—
dejó una larga herida en el alma de Euzcadi.
La Montaña de Hierro,
hoy mandíbula rota de antigua calavera,
ríe calladamente sobre el miedo.

viernes, 30 de noviembre de 2012

ENDECHA DE GOYO MARTICORENA



ENDECHA DE GOYO MARTICORENA

Echalar arriba, palomas de muerte,
en la niebla roja rasgada la red.
Desde Ibardin grazna el gavilán,
plumas ponzoñosas, garras de ónice,
timón de ceniza, pico pedernal,
y las anchas alas esparcid pavesas,
Echalar arriba, palomas sin ojos,
desgarrad la piel de la madrugada,
enviad al mar libación caliente
por los atanores amargos del sueño.
Bebedoras de lágrimas,
mensajeras de la tiniebla última,
habéis roído su corazón
y entregado su carne
al despiadado mar de los vascos,
Echalar arriba, palomas aciagas,
pájaros bermejos por la arisca lluvia,
hoy,
primer día del mes del lobo,
cuando devolvemos el cuerpo de Martico
a la tierra campesina de sus padres.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Neguri


NEGURI

Fue aquí, declive abrupto
de chalets en ruinas.

El tamboril risueño
del Mar de Mármara.

Los papagayos mudos
de Tristán da Cunha.

Mi infancia torturada
en Wonderland.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Aquí llega el otoño




Aquí llega el otoño, con su voz de ceniza,
desalentando sueños, cubriendo de hojarasca
las imágenes rotas que el corazón conoce.

viernes, 14 de septiembre de 2012

ÚLTIMA SOLEDAD

Bellver

Tal vez como si nunca hubiera estado allí.
Tal vez como si no se hubiera ido de allí.
Testigo del naufragio, de todos los naufragios.
Miró sobre los días nevascas y aluviones,
Inciertos sinclinales, tal vez como si nunca,
tal vez como si no, cantiles que alcanzaron
la estatura del miedo, la luz aquilatada,
ciudades irreales: la tuya, Vinogrado
de los muelles tendidos al viento del dolor.

Tal vez como si nunca hubiera estado allí,
tal vez como si nunca, tal vez como si siempre,
tal vez como si no, como si dulcemente
muriéramos de pronto en un naufragio gris.
Fábricas erigidas sobre la tierra yerma,
sobre la nieve cándida el fuego convertido,
tal vez como si siempre hubiese sido así,
en aire polvoriento, el aire en agua tersa,
y la ausencia del hombre en tiempo irredimible.


De Los paisajes domésticos (Renacimiento, 1992)

domingo, 19 de agosto de 2012

CERA VOTIVA EN WESTMINSTER ABBEY



CERA VOTIVA EN WESTMINSTER ABBEY

T.S.E.

Al marchitarse la rosa de la memoria
se adueñaron del jardín la ortiga y la cizaña.
Se vino abajo la pared. La verja
se me quedó en las manos, quebradiza,
y se volvió en el pozo fango fétido
el agua dulce y fresca de otros días.
Poeta de la edad de la penuria,
descendió a los infiernos sin Virgilio.
Ceniza, arena,
arena fugitiva entregada a la muerte.
Sobre la fosa,
la rosa ardiente permanece viva
mientras desgarren zarpas de silencio
la piel lívida del mar de horror. Augur,
sus uñas se adentraron
en la carne vacía de la noche.
Los años pasarán y hasta mil horas
se agotarán también. Pero habrá tiempo
para escribir palabras con sentido,
palabras que revienten de sentido
en cristal empañado y plata sucia.

martes, 15 de mayo de 2012

VERS L’ENNUI





Entonces era el mundo. Qué grande parecía.
En el límite mismo del verano, qué dulce
el tiempo que se abría, la luz indeclinable.

Entre el pinar y el río se extendían los huertos:
los pequeños retazos de maizales y habares
brillaban agolpados bajo el sol de junio.

Inventar cada día las cosas, empaparse
del sol, buscar los nombres del grillo y de la arena,
del hinojo fragante, del cangrejo, del cuarzo.

Y el regreso: la tarde nos devolvía al sueño
por estradas de polvo y escoria triturada,
dóciles a las voces cercanas al cansancio.

Pero yo te sentía. Tú venías conmigo,
ángel del tedio, hermano, arrojando tu sombra
sobre las zarzamoras, tu sombra abominable.

sábado, 14 de abril de 2012

CERA VOTIVA EN WESTMINSTER ABBEY T.S.E.


CERA VOTIVA EN WESTMINSTER ABBEY

T.S.E.

Al marchitarse la rosa de la memoria
se adueñaron del jardín la ortiga y la cizaña.
Se vino abajo la pared. La verja
se me quedó en las manos, quebradiza,
y se volvió en el pozo fango fétido
el agua dulce y fresca de otros días.
Poeta de la edad de la penuria,
descendió a los infiernos sin Virgilio.
Ceniza, arena,
arena fugitiva entregada a la muerte.
Sobre la fosa,
la rosa ardiente permanece viva
mientras desgarren zarpas de silencio
la piel lívida del mar de horror. Augur,
sus uñas se adentraron
en la carne vacía de la noche.
Los años pasarán y hasta mil horas
se agotarán también. Pero habrá tiempo
para escribir palabras con sentido,
palabras que revienten de sentido
en cristal empañado y plata sucia.

domingo, 11 de marzo de 2012

EN TORNO AL CASTICISMO

Oteiza.- Sabino Arana


A Fanny Rubio, que me desaconsejó escribir en la lengua del Imperio.


Uno quiere a su lengua porque es materia y útil
del oficio escogido, pero no, quede claro,
por su más que dudosa belleza. Nunca he sido
amigo de postrarme ante los diccionarios.

Cabreros y ladrones, no monjes cluniacenses,
forjaron sus palabras sin brillo ni eufonía.
¿Qué cabía esperar de un hato miserable,
quemado por los soles, comido por la tiña?

Jamás tuve por cierto aquello del Espíritu,
del Genio de los Pueblos. Si escribo en español,
no es por Volkgeist alguno que en el albor de España
fluyera entre las barbas del Cid Campeador.

Aunque Rodrigo Díaz el de Vivar debía
fablar un castellano más recio que una aldaba.
Oíanlo los moros al pie de la alcazaba,
y no les alcanzaba al cuerpo la chilaba.

Con todo, no era el pobre un pozo de elocuencia.
Al paso de los siglos, afortunadamente,
nos fuimos refinando, pero la poesía,
de sobre está decirlo, no ha sido nuestro fuerte.

No obstante, hay excepciones. Catad: el Arcipreste.
Manrique. Garcilaso. Quevedo no era manco.
Incluso entre los vascos tuvimos una de ellas,
pero eso antes de Franco.

Detesto sobre todo a la canalla rancia
que hace de esta cuestión cuestión de patriotismo.
Nuestro maestro en estro, Jaume el Conqueridor,
es catalán, inglés y un poco filipino.

En cuanto a mí, la tribu de que procedo, dicen,
moraba ya en los flancos del alto Pirineo
allá cuando Caín sembraba cañamones,
y yo, que me lo creo,

no voy a mendigaros un plato de lentejas
ni un sitio junto al fuego. A ver quién se aventura,
hermanos amadísimos, a negarme el derecho
de primogenitura.

Y si de vez en cuando perpetro un vizcainismo,
que a nadie se le ocurra venir a darme vaya,
y menos a vosotros, pecheros del idioma,
que soy hidalgo viejo, del Fuero de Vizcaya.