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lunes, 26 de mayo de 2014

Es como levantarte con los ojos,







Es como levantarte con los ojos,
con las húmedas alas de los ojos,
al imborrable cielo del recuerdo.
Pasan nubes oscuras, tristes pájaros.
Lentamente tu nombre al fin se queda
solo, desnudo, inmóvil, imposible,
como estrella varada.
Y nombrarte es dolor. Reconocerte
después de cada tarde, como el sueño,
es el dolor diario. Cruzo absorto
calles hacia la angustia de la nada,
entro en casas desnudas,
hablo a seres extraños, torpemente.

Reconocerte es triste, como es triste
siempre identificarnos lo más nuestro
inútilmente cerca, naufragando
en la luz impiadosa de los días.
Entramos y salimos de nosotros
abandonando siempre lo que somos,
esa sola verdad que nos habita,
apaleado perro en las veredas
por las que transitamos sordamente.

Sentirte cerca duele, como duele
siempre palpar la herida que no cura.
Sentirte en lenta huida hacia la tarde
con un dolor solar sobre los párpados.

Veo a veces tu cuerpo como un río,
como un río pasando mudamente
el puente de mis años, por mi pecho.
Y en un heroico cielo, siempre inmóvil,
só1o tu nombre, herido de memoria.

En esta soledad me estoy poblando,
haciéndome de bosque y fronda hirviente.

Una renunciación acaso sea
más que segar la pretendida rosa
brotar oscuros árboles de sueño.

martes, 25 de febrero de 2014

El espejo





Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos. 
Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos. 
Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño. 
Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero. 
Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.

            

lunes, 30 de diciembre de 2013

Huelen las rosas





Sobre la mesa han puesto un barro humilde 
con unas rosas que lo justifican 
igual que justifica el hombre 
un claro destello, una esperanza, una sonrisa. 
Huelen las rosas, y sentir su aroma 
también es dar constancia de la vida, 
es percibir la realidad que llega 
en su increíble y breve maravilla, 
huelen las rosas, qué delgado mundo 
de fragancia nos llega en su caricia, 
qué prodigioso mecanismo se hace necesario 
hasta dar con esta mina sutil de olor, 
cuántos secretos reinos botánicos, 
qué incógnitas provincias de vegetal acción, 
desde la tierra suben elaboradas, resumidas, 
adelgazadas hasta lo indecible 
para ser un milagro entre la brisa de la mañana, 
un invisible copo de aroma hacia la tarde, 
un terciopelo de perfume solar al mediodía. 
Trabajaron obreros diminutos y subterráneos 
por las galerías donde la gota de agua 
y las substancias germinales se alían. 
La nieve puso un dedo entre los labios, 
el viento golpeó las ramas niñas, 
deshilvanó la lluvia sus collares, y entre tanto, 
en la arcilla, porosa y maternal, 
manos minúsculas manipulaban 
ciegas en la alquimia del delgado perfume de las rosas, 
para que al fin se derramara un día 
desde esta mesa en la que he puesto un barro humilde, 
y nos regale su delicia. ¿Porqué?¿Porqué?
¿Las hemos merecido?
¿Merecemos que sea así la vida tan hermosa y fragante, 
que penetre por los sentidos su verdad sencilla 
tan misteriosa y generosamente?. 
Algo hay que nos responde por las rosas, 
una respuesta de perfume, escrita en el aire, 
las cosas que manejan nuestra manos
¿porqué han de ser distintas de los rosales? 
Con amor ¿por qué no son también aroma concedida? 
Vivir no es mas difícil que un rosal, 
lo que anula su aroma es la injusticia."