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jueves, 7 de noviembre de 2013

NOCHE MISTERIOSA





Noche misteriosa, cuando nuestro primer padre supo de ti
por boca de Dios, y tu nombre oyó,
¿no le hizo temblar este hermoso marco,
esta espléndida bóveda de luz y azul?
Mas tras una cortina de traslúcido rocío,
bañado por las grandes llamas de Poniente,
llegó Héspero con toda la corte del firmamento,
y así vio el hombre ensancharse la creación.
Oh, sol, ¿quién podía pensar que tal oscuridad
se escondía entre tus rayos, o quién podía saber
que habiendo revelado ya hojas e insectos,
estuvieras tantas constelaciones ocultando?
¿Por qué entonces nos empeñamos en esquivar la muerte?
Si la luz puede engañar así, ¿por qué la vida, no?

viernes, 25 de octubre de 2013

EL SOL Y LA VIDA






EL SOL Y LA VIDA
¡Oh noche! Cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,
¿no temió que enlutase tu estandarte
el bello alcázar de zafir dorado?


Mas ya el celaje etéreo, blanqueado
del rayo occidental. Héspero parte;
su hueste por los cielos se reparte,
y el hombre nuevos mundos ve admirado.


¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,
oh Sol! ¿Quién acertara, cuando ostenta
la brizna más sutil tu luz mentida,


esos orbes sin fin que nos velabas?
¡Oh mortal! Y ¿el sepulcro te amedrenta?
Si engañó el Sol, ¿no engañara la vida?

miércoles, 23 de enero de 2013

EN UNA AUSENCIA






EN UNA AUSENCIA
¿Dónde estás que no te encuentro,
dulce amor del alma mía?
¡Maldición eterna el día
que arrancó mi bien de mí!

¿Dónde están aquellas horas
que el amor me dio en tus brazos?
¿Quién rompió los tiernos lazos
con que unido estuve a ti?

Hado bárbaro me sigue,
no hay mudanza en mi fortuna:
infeliz desde la cuna,
infeliz seré al morir.

Dame tregua a la esperanza;
pruebo el bien, más pronto vuela;
si un instante me consuela
luego aumenta mi gemir,

Si ambicioso el pecho mío
dichas mil pidiera al cielo,
bien pudiera el vano anhelo
con dureza castigar.

Más no quiero yo esos bienes:
vierta en otro su tesoro:
sólo pido un bien que adoro
y jamás lo he de gozar.

Retirado a oculto asilo,
denme ¡ay, Dios! que en dulce calma,
embebida en ti mi alma,
viva exento de temor.

¡Qué placer! Allí mi gloria
fuera verte a cada instante,
mi universo tu semblante,
mi ventura solo amor.

Y no amor arrebatado,
pasajero, mal seguro,
sino aquel tranquilo y puro,
hecho sólo a consolar.

Lento fuego, hermosa llama,
cual luz del occidente
que ,al ponerse, aunque no ardiente,
nunca deja de brillar.

Débil choza bastaría
a prestarnos fiel asilo,
que un hogar, cuando es tranquilo,
sobra a un puro corazón.

Guarden ¡ay! esos tiranos
para sí el poder, la gloria,
de ellos sólo en mi memoria
quedará la compasión.

¡Ah! Yo en medio de mis males
sé que tengo quién me llora,
quién en este instante, ahora,
suspirando por mi está.

Ellos ¡míseros! me envidian,
que no saben qué es ternura;
yo más quiero esta amargura
que el placer que el oro da.