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jueves, 18 de diciembre de 2014

El agua









El agua es algo de lo que no sé; que veo y miro y oigo y toco y de lo que no sé. En lo que escribo aparece; en algunos poemas, ahí está.

Delante. He vivido delante de un gran río que venía; no ya porque vivía a la orilla del río, sino porque el río, por la configuración del terreno, parecía venir sobre la casa.

Era un agua sonora. A corta distancia, todo a lo ancho del río, que allí era ancho, el caudal se precipitaba sobre un dique; más ruido, según la lluvia y el momento del año. Siempre el ruido aquel año, que fue un año de lluvias.

Me parecía entonces, ese ruido, origen de otra cosa, cámara de resonancia, recámaras, una percepción interior. Tras un espacio, otro, hueco y vacío y silencioso, pero hecho por el sonido, o no disímil de algo de la estructura del sonido.

El del dique, el del agua en el dique es sonido áspero y monótono, violento; esa aspereza se hace en la cabeza sequedad, hormigueo del estruendo que resuena, se hace oquedad, eco sin pausa de lo hueco. Como en los espacios virtuales, cuyos sistemas se abren en huecas carpetas repetidas, cámaras y recámaras sin término; uno atiende hacia adentro, por si hubiera otra cámara, temiendo que la haya porque no sabe lo que hay, qué hay ahí. Igual, el agua.

Pero en el agua está la luz. Sin luz o con luz, con más o menos luz, el agua es otra. Con su ruido, de noche, incluso en la ciudad, donde de noche no es del todo la noche, el agua es otra. “Extraño, que la tierra se divida en agua y pensamiento”, rumiaba el  fumigador de guardia.

De la fábrica de luz, por el túnel llegan los muertos. Así llegaba el santo en la pintura y su verdor, y nunca supe que junto a él viviría. No siempre se ve del mismo modo. Ahora pongo atención a los cristales, a los restos de la noche, y hay trocitos de verde ira, por la calle, esperando.

martes, 3 de junio de 2014

Nadaba...





Nadaba por el agua transparente 
en lo hondo, y pescaba gozoso 
con un pequeño arpón peces brillantes, 
amigos, moteados. 
Aquella agua tan densa, nadar 
como un gran pez, vosotros, 
dijo, me esperabais en casa. 
Pensé entonces en Klee, 
en la dorada. Ahora leo: 
estás roto y tus sueños 
se cuelan en tu vida, esa sensación 
de realidad es muy fuerte; estas pastillas 
te ayudarán. 
Dorado pez, 
dorada de los abismos, destellos 
en lo hondo. Un sueño subterráneo 
nos recorre, nos reúne, 
nacemos y morimos, mas se repite 
el sueño y queda el pez, 
su densidad, la transparencia. 


(Antonio Gamoneda, Jerónimo Salvador) 
(De caza nocturna) 

jueves, 3 de abril de 2014

LOS GALGOS





LOS GALGOS 

Amadeo de Souza-Cardoso 


El larguísimo lomo de los galgos 
sentados cruza la pintura 
como flecha en reposo 
cerca de las que han sido detenidas 
en el gesto alocado de la carrera, 
liebres hieráticas y planas. 
Atrás, más allá de los montes, 
la curva anaranjada 
de un imposible sol. 
Hay algo intemporal 
en la percepción escindida. 
Líneas que nombran la extrañeza 
y la calma, lo indiferente. 
Qué lejos de aquí los días 
que fueron como nidos. 

(De Exposición)

domingo, 9 de marzo de 2014

Verde, las hojas de geranio





Verde, las hojas de geranio 
en la luz gris de la tormenta. 
tiemblan, tensión 
de nervadura verde oscuro. 
Te mirabas las manos, 
nervadura de venas; si los dedos 
fueran deliciosos, decías. 
Al caminar 
apoyaba mi sien contra la tuya 
y en la noche escuchaba 
el ruiseñor y el graznido 
del pavo. Indiferencia 
de todo, oscuridad. 
Me llamabas con voz muy baja. 
Sólo un día reíste. 

(De ella, los pájaros)