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sábado, 20 de septiembre de 2014

La ninfa ha despertado



La ninfa ha despertado.
Desnuda, no me teme.
Cansada está de tanto andar en sueños.
La hierba la sostiene como a cáliz tendido.
Vierte la fuente un agua confiada
en donde beben los que duran.
Ciervos rondan, perdices sobrevuelan.
Digo en voz baja mi deseo
y ella: “No. Volverás a mí
cuando aprendas los gestos y palabras
de los dioses.
                        Vuelve
cuando hayas aprendido a contemplarme.
Ver es humano y contemplar, divino”.

jueves, 31 de julio de 2014

LA QUEJA QUERIDA




Poeta. Es decir, náufrago que grita,
que quiere sacudirse la tristeza
de su isla desierta y exquisita,
cuando la muerte a rodearlo empieza.
Su queja, cada día, arroja escrita
al mar: botella verde, uña, corteza.
Cada día, iza al cielo una infinita
bandera roja que arde en la maleza.
Y si algún transatlántico de espanto
sorprende su mensaje de humo y llanto,
es inútil la búsqueda, el viaje.
La expedición arribará a la playa
y el poeta, en su cueva más salvaje,
esperará de nuevo a que se vaya.

Mínimas del ciprés y los labios, 1958

miércoles, 25 de junio de 2014

Urna con tierra andaluza





YO no quiero coronas de flores en mi muerte.
¿Para qué festejarme con aromas geométricos
que olerán otros? Baste mi sola muerte y cumpla
su duración la flor, su edad bajo las aves.
No flores: fuego. Cuando mi pecho ya no aliente,
este claro puñado de tierra de mi tierra
sobre mi pecho pongan. Después, me quemen. Nunca
arderán dos amantes con tanta eternidad.

jueves, 12 de junio de 2014

CARTA A UN POETA NUEVO



Oh apasionado adolescente, cuida
que tus palabras no lo digan todo,
y sirvan ellas de iluminación
porque les diste persistencia de astro,
no por quemarlas y quemarte en ellas.
Equipaje, 2005

sábado, 17 de diciembre de 2011

Evangelio del día




En aquel tiempo
un joven se acercó a Jesús
entre a turba.
Por sus ropas y el uso de su hablar
supieron todos que era de otra tierra.

—Señor, ¿qué haré
para salvarme?

—Sé puro.
(¡Oh, lecho sosteniendo barro y llama,
airadas ingles,
lucha sin fin; azada y cúpula!).

El joven contestó:
—Señor, soy puro; ¿basta
con eso?

Y Jesús: —Deja
tus riquezas y sígueme.

(¡Palacios, terciopelos y jardines,
vino en cristal tallado,
joyas para el honor o la delicia,
seguridades de color púrpura!).

Y el joven contestó:
—Soy rico, pero todo
lo dejaría, bien lo sé, por Ti.

Jesús
lo miró dulcemente.
Le preguntó:
—¿En qué país
naciste?

—Señor —respondió el joven—,
nací en España.

Y Jesús: —Deja a España
y sígueme.

(¡La estrella, el patio y el silencio,
la roca entre el olor de la maleza,
la piel herida de la madre,
la entraña y la esperanza y el clavel,
llaga de amor con desamor basada,
patria de fe, glorioso madero!).

El joven
volvió sobre sus pasos,
bajó la frente y empezó a llorar.