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miércoles, 18 de marzo de 2015

CRISIS ÚLTIMA EN EL IMPERIO





 

 (Homenaje a William S. Burroughs)

Me dijo que podía darme noticias,
si esa palabra aún significaba algo:
Nueva York, desde luego, había desaparecido,
y millones de personas muerto
catastróficamente, echadas al camino,
en las inmensas tormentas polares 
que se incrementaban desde el sur de Siberia...
Las redes de comunicación
eran prácticamente inservibles
- apenas había vuelos regulares
o autopistas en uso -
Y el orden - o el desorden -
pertenecía a los Señores de la Guerra...
Estábamos en una aldea del sur
marroquí, donde nada parecía suceder,
aunque la gente estaba aterrorizada,
sin correo, ni autobuses ni televisión.
Me dijo que seguiría hacia el este
y que, quizás, pudiera yo acompañarle.
Te pueden matar fácilmente,
y tú puedes matar, tendrás que hacerlo...
Morir es menos extraordinario que nunca,
con cientos de laboratorios biológicos en llamas,
pero, a cambio, pasase lo que pasara
en un mundo terrible donde la impotencia
había destruido la vitalidad (tal dijo)
y el resultado era este apocalipsis de venganza
o este preludio a un tiempo nuevo
o al vacío finalmente alcanzado
entre crímenes, epidemias y tormenta,
lo cierto era, contra toda esperanza,
que ahora sí éramos realmente libres
y (ya que no supimos organizar la libertad)
ahora, al menos, frenética y terriblemente,
al menos, un corto tiempo, podríamos vivirla...
¿Peligroso?. ¿Cuándo no fue peligroso ser libre?

jueves, 5 de enero de 2012

Hechizo de presencia viva



Erguido entre la sombra de la noche, 
cultor de un rito antiguo, donde 
el sol y el amor se mezclan mutuamente.
Adorador de gemas, mirando arder 
la extraña combustión de un ritmo 
raro, envuelto en la belleza, a punto 
de entrar ya en el éxtasis mágico de 
bailarinas y derviches, sedosa 
la piel de bronce, negros los ojos, y 
negro cabello lentamente cayendo 
por la frente; Heliogabalo, emperador 
muchacho, levantado y altivo, ardoroso 
el cuerpo y la mirada, todo bronce 
y fulgor, perfecta estatua viva, o pasión 
envuelto en la belleza, desde esta 
noche que es hoy, ayer, presente antiguo…

***

La belleza juega, vivaz, con máscaras.
Se viste con disfraces. De ayer hace hoy, 
de ahora levanta, atrevida, pasados y mañanas. 
Nos confunde en su juego. Nos invade 
con brillos desconocidos. Nos enseña piedras 
nuevas. Deroga el tiempo.. Nos sume 
en su vórtice fatal, para golpearnos como 
el amor, nos hace sangrar, y habla, 
retórica, de carbunclos que queman y rubíes…
La belleza es la piedra que lanzó David 
con su honda, que todavía llega 
engañadora y feliz, como de oro 
desde allá, desde el remoto origen 
atravesando tiempo fugaz y tiempos sucesivos.

Luis Antonio de Villena