Depredadoras de alegrías
nocturnas, cuerpo que me amaba con el odio tímido y violado de sus rincones aburridos. Hoy que ya haya pasado, ¿me recuerdan, alguna vez, sin recordarme? Corales en coro, subcutáneas navegaciones, luz anclada, escafandra de asfixia, flechas lácteas, inmóviles, acuáticas, desove estéril que en la sangre desenrolla su espiral transida. ¿Me recuerdan, hoy que ya ha pasado el odiado amor, la carne triste? Las entretelas del herido de punta de ausencia, me cominan. Y el violado cuerpo que me amaba, a solas calienta y se consume. |
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domingo, 24 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
AMIGA A LA QUE AMO..
Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte; que no te quite el manto de la perfecta juventud. Inmóvil junto a tu cuerpo de muchacha dulce quede, al hallarte, el tiempo. Si tu hermosura ha sido la llave del amor, si tu hermosura con el amor me ha dado la certidumbre de la dicha, la compañía sin dolor, el vuelo, guárdate hermosa, joven siempre. No quiero ni pensar lo que tendría de soledad mi corazón necesitado, si la vejez dañina, perjuiciosa cargara en ti la mano, y mordiera tu piel, desvencijara tus dientes, y la música que mueves, al moverte, deshiciera. Guárdame siempre en la delicia de tus dientes parejos, de tus ojos, de tus olores buenos, de tus brazos que me enseñas cuando a solas conmigo te has quedado desnuda toda, en sombras, sin más luz que la tuya, porque tu cuerpo alumbra cuando amas, más tierna tú que las pequeñas flores con que te adorno a veces. Guárdame en la alegría de mirarte ir y venir en ritmo, caminando y, al caminar, meciéndote como si regresaras de la llave del agua llevando un cántaro en el hombro. Y cuando me haga viejo, y engorde y quede calvo, no te apiades de mis ojos hinchados, de mis dientes postizos, de las canas que me salgan por la nariz. Aléjame, no te apiades, destiérrame, te pido; hermosa entonces, joven como ahora, no me ames: recuérdame tal como fui al cantarte, cuando era yo tu voz y tu escudo, y estabas sola, y te sirvió mi mano. |
jueves, 24 de enero de 2013
AMAPOLA TRASTORNO...
AMAPOLA TRASTORNO... |
Amapola trastorno,
exaltación morada, disparate. Salga lo que saliere. Y qué estruendo de alas, y qué dulce lastre sentimental sobre la lengua, y amistad en las manos, ofrecida sin ponderar, qué arrebatada. Comulgar en la música aspereza, junto al estribo ya, de amanecida, con mujer desolada, y el rasgueo, y la última vez, y el aguardiente, y sollozar a frutas. Salto, furor de gozo, de pataleo de quien pide encontrarse, con la prisa amantísima del ánima que al fin tocó el fraterno -ay, engañoso; ay, ay, inconvincente- universal llamado. Yo ya me voy. Deslúmbrame el metal decadente de la barca que habrá de conducirme. Y el camino. Porque me voy mañana. Yo me parto. Vengo a decirte adiós para olvidarte. Lucen de adentro las canciones que me vienen de afuera. Si me dieran, al menos, no morir tan lejos. -Mexicano el acento desgarrado de plumas claras y de flores y me enriquece de arrobadas turquesas-. Yo sé, yo ya me voy; yo reconozco, como si me doliera, la indudable armazón altanera del halo corporal que me circunda. Propenso al celo ardiente, y al hipérbaton sanguíneo y los mercados, y al encabalgamiento de los ojos viriles en los pares argumentos de la media naranja; multiplícanse ternura por fervor, y el resultado quema entre sangre y piel y piel desnuda. Tartamudo, efusivo intraducible entusiasmo del habla. La recámara suntuaria y sin pesar de la memoria. Abierta y enjoyada. También. Contento. Compañera. Aunque comience y me sujete por los tobillos este centro fijo de rueda de molino. Me columpio, vuelvo a subir, volteo; aspa de graves órbitas iguales recorridas de frente, con ronquidos de ventarrón en las orejas. Hélice a al mitad, desmorecida, nauseosa, mecánica, bajando al fondo del quedar durmiendo |
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