Sucede que un buen día
te miras al espejo
y un niño jubiloso
eleva una cometa.
Sucede que otro día
ya no aparece el niño
sino un mozo fornido
que abraza a una muchacha.
Sucede que más tarde
el espejo muestra un hombre
con la cara batida
por la feroz edad.
Sucede que, por último,
no puedes verte más:
Espejos y fantasmas
no conciertan jamás.
Sucede que un buen día
te miras al espejo...