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lunes, 22 de abril de 2013

Mar pagano



Mar pagano

La voz del mar es un clamor de furia,
de paroxismo. En el temblor del agua,
con espasmos de amor y de lujuria,
tal vez un mito divinal se fragua.

Líquidas trallas baten los cantiles;
y es tan tremendo el ímpetu que azota
los peñascos austeros y seniles,
que su masa en esquirlas salta rota.

El sol es como un ascua. Es un glorioso
pastor; desde los cielos deslumbrantes,
guía un blanco rebaño milagroso
de magníficas olas espumantes.

Mar, ¿qué quieres? Acaso en esta ruda
contienda, en este rebramar sonoro,
va a surgir otra vez, blanca y desnuda,
de entre tus olas Afrodita de oro,

y esas torsiones ásperas, supremas,
son del nuevo prodigio las señales?
¿O quieres, de tu azul, fundir dos gemas
para sus claros ojos inmortales?

lunes, 11 de febrero de 2013

Oración en el jardín



Yo me quiero morir como se muere 
todos los años el jardín, y luego 
renacer de igual modo que renace 
todos los años el jardín. Se han ido 
los pájaros; volaron, pero no tenían alas. 
No me quiero morir como las hojas, 
ni quiero ser el árbol de perenne 
verdor adusto, ni el arbusto dócil 
cortado en seto, sino el árbol libre, 
desnudo atleta que en el suelo ahínca 
las fuertes plantas y en el aire tuerce 
los recios brazos; no el verdor eterno 
sino la fronda renovada, el fruto 
cuando el año lo envíe. Aquí me tienes, 
Señor, desnudo como el árbol. Dame 
tu bautismo de lluvias y tu crisma 
de sol, y dame vestiduras nuevas, 
inmaculadas. El jardín de invierno 
callado está: mi corazón callado. 
Habla tú; luego, vísteme de hojas. 
Algo de tus palabras, al moverse, 
repetirán, como inspiradas lenguas.