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domingo, 2 de octubre de 2016

Cantos a mi corazón


          



             Dalet   

    
Los que no me conocen, se admiran de mi audacia y se duelen de verme hacer lo que ellos  no osarían con su alma pequeña; pero los que saben, no comparten sus temores.
     Como se ve a un atleta soportar grandes pesos con complacencia y a un juglar caminar sobre el fuego, así me ven agitarme entre la multitud; sus ojos han visto en mis labios una sonrisa astuta.
     Y al ver que me abandono a los demás, seguro y diestro como el que se lanza a un abismo, suspendido por la cintura, dicen admirados: «¡Oh qué alma verdaderamente maravillosa!».

martes, 21 de octubre de 2014

He





HE
También a ti la vida te ha cogido entre sus fuertes brazos, y entre sus fuertes brazos
te ha estrujado.
También a ti la vida te ha seducido con sus grandes senos, y sobre sus grandes senos
te ha doblado tu cuello y ha hecho desflorarse tus labios.
También a ti la vida, ¡oh corazón!, como a cualquier otro, te ha puesto sobre su falda
y te ha reblandecido con sus besos y te ha dislocado en el torno de sus caderas.

jueves, 23 de enero de 2014

Guimel





GUIMEL
Con los pies torpes aún del sueño, con el alma aún velada por las tinieblas que en el sueño
se acumulan, he intentado alargar mi paseo por las calles con aire juvenil. Y he marchado
tras las muchachas jóvenes, para alegrar mi corazón.
Pero tras de sus pasos ligeros me he sentido tan cansado y me he sentido tan extraño a ellas, con mi corazón amargo de experiencia, que bien pronto las he dejado perderse entre la multitud y he seguido yo solo mi camino.
Y he vagado, sin rumbo y sin objeto, ante los reverberos, viendo pasar ante mí la vida,
la vida lejana y esquiva, la vida que se aleja para siempre del hombre que ya perdió su juventud
y duerme en pleno día.

jueves, 16 de enero de 2014

LA CASA DEL PLACER





LA CASA DEL PLACER
A José Iribarne
que ha gustado conmigo
el vino insípido y la carne áspera





Alef

Como cualquier hijo del hombre, también he entrado un día en la Casa del Placer.
La Casa del Placer es amplia y hospitalaria: en ella hay grandes toneles para los
bebedores y lechos para los indolentes, En su interior se está a maravilla.
Pero en la Casa del Placer hay una extraña costumbre, que no vi en parte alguna.
El que consume el vino, debe apurar también las heces; el que come el racimo,
debe comer también el escobajo, y el que ama a una mujer hasta devorar su carne,
debe cargar después toda la vida ya con su esqueleto.



* * * * *



Bet

La Casa del Placer es una casa donde reina la mejor armonía y donde los
desconocidos viven más unidos que los hermanos.
Las más duras tareas se realizan allí sin rebeldía, y se consumen con placer los más
insípidos manjares.
Nunca resuenan voces irritadas ni restallan los látigos, y sin guardianes se mantiene
un orden más perfecto que el de las cárceles y los camposantos.
En la Casa del Placer cada uno cumple con gusto su tarea, y los más díscolos caracteres
se convierten en modelos de mansedumbre.
Los que en las casas de los padres rehusaron los platos sazonados, aquí roen alegremente
los huesos más duros, y los que esquivan el contacto de las castas esposas, aquí besan con
gusto los labios más hediondos; las espaldas más rígidas se curvan aquí llenas de gracia.



* * * * *



Guimel

Durante mucho tiempo, yo he ido al mercado de las cortesanas y he aceptado el trato
inicuo que hombres y mujeres hacen sobre su carne.
Y he saboreado, sin repugnancia, el placer que se me ofrecía y como un hombre que
elige esclavas, así he sido entre las mujeres que se ofrecen.
Y he amado alegremente y sin temor a las mujeres desconocidas, y anónimas, todas semejantes como sus sexos emboscados en una misma encrucijada.



* * * * *



Lamed

¡Oh amigos! El amor de las cortesanas es triste y peligroso; y deja nuestras almas más hambrientas que antes.
Para nosotros, ¡oh amigos!, ellas tienen sus cuerpos manifiestos como grandes moles;
pero la puertecita de su ternura está cerrada para nosotros.
Nuestros brazos pueden ceñir del todo sus cinturas; pero nunca llegarán al hueco
pequeñito en que se esconde su corazón y de sus grandes senos no brotará jamás para
nosotros una gota tan sólo de dulzura.
En las noches de amor, calladamente, yo las he visto, ¡oh, hombres!, torcer sus ojos
bajo mis besos y espiar astutamente el instante de nuestro desmayo.



* * * * *



Vav

Como se cansa uno de revolver los naipes, así yo me he cansado de desnudar cuerpos
de cortesanas.
Cuerpos de bronce o de mármol, sobre los cuales nuestros labios estaban siempre en la superficie y sobre los que éramos como los que golpean murallas fortificadas.
Al fin, ¡oh amigos!, me he cansado de abrazar simulacros y de levantar pesos inertes.

jueves, 17 de octubre de 2013

Cantos a mi corazón



Cantos a mi corazón
                                          A Catalina de Burgos

Alef    

     Veo a los amigos que un día hicieron conmigo el prodigioso viaje de la juventud
y los hallo cambiados y desconocidos; la sombra de un cuidado se extiende sobre sus
frentes y, con la vista baja, parecen avergonzados de haber sido jóvenes un día.
     En aquel tiempo, ya lejano, parecían tener alas y exhalaban un hálito de fuego por
sus ávidas bocas; sus frentes resplandecían como altas tiaras.
     Pero hoy son semejantes a viudas que se envuelven entre velos; y con sus frías miradas parecen advertir que han muerto ya para el amor.