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viernes, 6 de marzo de 2015

DESNUDO









DESNUDO


Blancos, rosas... Azules casi en veta, 
retraídos, mentales. 
Puntos de luz latente dan señales 
de una sombra secreta. 
Pero el color, infiel a la penumbra, 
se consolida en masa. 
Yacente en el verano de la casa, 
una forma se alumbra. 
Claridad aguzada entre perfiles, 
de tan puros tranquilos 
que cortan y aniquilan con sus filos 
las confusiones viles. 
Desnuda está la carne. Su evidencia 
se resuelve en reposo. 
Monotonía justa: prodigioso 
colmo de la presencia. 
¡Plenitud inmediata, sin ambiente, 
del cuerpo femenino! 
Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino? 
¡Oh absoluto presente!

martes, 3 de marzo de 2015

ARS VIVIENDI






ARS VIVIENDI


Presentes sucesiones de difuntos
QUEVEDO


Pasa el tiempo y suspiro porque paso, 
aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta, 
y no con el reloj, su marcha lenta 
—nunca es la mía— bajo el cielo raso. 


Calculo, sé, suspiro —no soy caso 
de excepción— y a esta altura, los setenta, 
mi afán del día no se desalienta, 
a pesar de ser frágil lo que amaso.


Ay, Dios mío, me sé mortal de veras. 
Pero mortalidad no es el instante 
que al fin me privará de mi corriente. 


Estas horas no son las postrimeras, 
y mientras haya vida por delante, 
serás mis sucesiones de viviente.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Una florecilla morada



Una florecilla morada
Se asoma al mes de abril
Con presentación muy sutil:
Es bella y casi nada


Jorge Guillen

lunes, 31 de octubre de 2011

¿De qué se murió fulano?



-¿De qué se murió Fulano?
¿Dé cáncer? -No, de opinión.
La opinión de su tirano


Jorge Guillen

domingo, 30 de octubre de 2011

Arañas, escorpiones



Arañas, escorpiones,
Malignos organismos
Sañudos.
Hoy también
Muy pequeños abismos

Jorge Guillen

martes, 30 de agosto de 2011

La sangre al río



LA SANGRE AL RÍO




Llegó la sangre al río.
Todos los ríos eran una sangre,
Y por las carreteras
De soleado polvo
—O de luna olivácea—
Corría en río sangre ya fangosa
Y en las alcantarillas invisibles
El sangriento caudal era humillado
Por las heces de todos.
Entre las sangres todos siempre juntos,
Juntos formaban una red de miedo.
También demacra el miedo al que asesina,
Y el aterrado rostro palidece,
Frente a la cal de la pared postrera,
Como el semblante de quien es tan puro
Que mata.
Encrespándose en viento el crimen sopla.
Lo sienten las espigas de los trigos,
Lo barruntan los pájaros,
No deja respirar al transeúnte
Ni al todavía oculto,
No hay pecho que no ahogue:
Blanco posible de posible bala.
Innúmeros, los muertos,
Crujen triunfantes odios
De los aún, aún supervivientes.
A través de las llamas
Se ven fulgir quimeras,
Y hacia un mortal vacío
Clamando van dolores tras dolores.
Convencidos, solemnes si son jueces
Según terror con cara de justicia,
En baraúnda de misión y crimen
Se arrojan muchos a la gran hoguera
Que aviva con tal saña el mismo viento,
Y arde por fin el viento bajo un humo
Sin sentido quizá para las nubes.
¿Sin sentido? Jamás.

No es absurdo jamás horror tan grave.
Por entre los vaivenes de sucesos

—Abnegados, sublimes, tenebrosos,
Feroces—
La crisis vocifera su palabra
De mentira o verdad,
Y su ruta va abriéndose la Historia,
Allí mayor, hacia el futuro ignoto,
Que aguardan la esperanza, la conciencia
De tantas, tantas vidas.

JORGE GUILLEN