Nunca insultéis a la mujer caída,
nadie sabe qué peso le agobió,
ni cuántas luchas soportó en la vida,
hasta que al fin cayó.
¿Quién no ha visto mujeres sin aliento
asirse con afán a la virtud
y resistir el duro viento del vicio
con serena actitud?
Gota de agua pendiente de una rama
que el viento agita y hace estremecer,
¡Perla que el cáliz de la flor derrama
y se convierte en lodo al caer!
Pero aún puede la gota peregrina
su perdida pureza recobrar,
y resurgir del polvo, cristalina,
y ante la luz brillar.
Dejad amar a la mujer caída,
dejad al polvo su vital calor,
porque todo recobra nueva vida
con nueva luz y amor.
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viernes, 18 de marzo de 2016
Nunca insultéis a la mujer caída
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