Libre te quiero
como arroyo que brinca de peña en peña, pero no mía. Grande te quiero como monte preñado de primavera, pero no mía. Buena te quiero como pan que no sabe su masa buena, pero no mía. Alta te quiero como chopo que al cielo se despereza, se despereza, pero no mía. Blanca te quiero como flor de azahares sobre la tierra, pero no mía. Pero no mía ni de Dios ni de nadie ni tuya siquiera. |
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sábado, 21 de diciembre de 2013
sábado, 23 de noviembre de 2013
Un poema
UN POEMA |
Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas, cuyos ojos en claros naufragios hundieron algunos principios elementales de mi alma, tú eres mi patria. Tú, que no tienes apellido, que no sé si eres pájaro o si alcándara, que de todos tus brazos las letras de plomo cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas, tú eres mis padres y mi patria. Tú, que ni tú te acuerdas dónde tendiste a orear las nubes blancas, que de tantos amores que tienes confundes el nombre de todos los días de cada semana, tú eres mi Dios y mis padres y mi patria. Tú, que tan dulcemente besas que el cielo bocabajo se volcaba, y que no se sabía de quién ya la lengua, de quién la saliva, de puro sabrosa y templada, tú eres mis leyes y mi Dios y mis padres y mi patria. Tú, que apacientas calaveras por las praderas de la verde África y a los rojos leones les echas de pasto las rosas de leche de luna de Nuruquimagua, tú eres mi ejército y mis leyes y mi Dios y mis padres y mi patria. Eres mi ejército y mis leyes y mi Dios y mis padres y mi patria, y el ejército y Dios y las leyes y todas las patrias y padres se creen que tú no eres nada: que no eres nada. |
lunes, 4 de noviembre de 2013
No digas que me quieres
No digas que me quieres, que es pecado,
ni que me eres humilde o generosa: ya ves que sin querer brota la rosa, sin saber qué hermosura al mundo ha dado. . Ley es que hoy el sol enamorado entre los peces del azul transite: ley que hoy el hombre en mí y en ti palpite y sin saber por qué, estés a mi lado. No sientas miedo pues porque me quieres ni llores por mi ayer o tu mañana, mas sé desnuda ante mi ruego tierno: . porque hoy la raza grita en sus dos seres orden fatal de ser. Y a más, hermana, ¡es tan dulce ceder al Fuego eterno! |
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