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sábado, 15 de marzo de 2014

A la merced del sábado



A la merced del sábado
Pegado a la merced del sábado
Sin angustias u otras consecuencias
Abierto a la hora inútil
Me apiado del sábado y su contigua
Conflagración dominical.
Muy resignado:
El anillo matrimonial y la decencia de orinar en casa propia.
La posibilidad de discernir
Y creer que todo va a ser definitivamente mejor.
Sólo la memoria es sobrehumana o real
Las uñas infamantes
A pesar de que, en ese día, estrictamente,
Se pueda –según norma- recomponer la salud
Y olvidar el trabajo abandonado:
Desestimar las armas las medallas
La idea de la soledad como un revólver
El horror de la cuchara ardiente
O a la acción justiciera del jefe en su mínima actitud.
Sábado de cataclismo demorado.
Establo donde la provisión se conforma y fondea,
En el corazón,

Como la bomba pura.

martes, 27 de agosto de 2013

No me digas que te has dejado el coñac
























NO ME DIGAS QUE TE HAS DEJADO EL COÑAC

Nada,
écha mano del coñac.
no me digas que ahora prescindes
y vas
por el mundo a cuerpo.
Montonadas de polvo
tanta conjura oratoria vermicular
lustres eméticos
cólicos
medio seupultos
piadosas autoridades
que descienden
el bien
como besos intáctiles
aguas timoladas
una gota de sangre
y el bestial
estupor
de las señoras.
Ayes diestramente bajo la m molecular
de las familias
la buena fe
de los poderes
salud interior-glucosas
e ínclitas
diabetes seculares
pueblos cegados y la muerte demorada
ser hombre con el aburrimiento de un liceo
envilecer un escote millonario
y el presidio-amor.
jardines untándose de rosas
membranas humanas
de obcecación
el heroísmo vano
la ignorancia congestionándose
hombres con el ropero y el corazón oficial,
pasado mañana
un mes
sobrevivir
la caries
la decencia
el matrimonio
las ocho y treintaiocho
febrero
los martes
la impotencia
¡no me digas que te has dejado el coñac!

Vicente Verdú, Poleo Menta

martes, 21 de abril de 2009
















CON ESA MANÍA DE PREGUNTARME

Había nacido simultáneamente al beso
y lo reconocía
cada tarde pidiendo
que la llevara al cine
a donde tú quieras
y no hacía más que estarse a mí
o se desdecía
sin importarle nada.
A pocos días del final,
cuando reflexionaba,
quedábase hasta el cuello en el agua de las eles
y se le hizo corriente mirar
y no saber lo que miraba.
“pues claro que no
¿por qué tiene que pasarme algo?”
Por las mañanas llegábamos hasta la playa
y las cosas discurrían mejor:
estaba el sol con sus fusiles
el mar completo
y se acidulaba besando
o con esa manía de preguntarme
si de verdad me gustaba mucho.
“pues tú también, de veras”.
Entre la ropa tenía un sexo de dieciocho años
y no pidió nada a excepción de su orgullo,
Desde allí yo observé como extraía
manzanas y lágrimas grandes
así que no tuve otro remedio que quererla,
o, sobre todo, cuando se ponía:
“¡pero cómo va a ser esto
lo mismo para ti que para mí!”

viernes, 6 de febrero de 2009

Lo más domesticado
























LO MÁS DOMESTICADO

Había pensado que su cara sonaba a abedul. Sonaba.
sus pómulos boleros absorbibles presagiaban estar contentos
y pasarlo bien –no tenían por qué custo-
diar esa risa descabellada de barranco donde la luz
de sus ojos se hacía un estropicio.
Lo siento –me daba lástima- o no sé. Todo el ma-
terial de condolencias debía retirarlo a tiempo
para que no se lo masticara aquella risa.
Por lo demás era afable. Tan afable que dabna ganas
de tenderse en su pelo, oler y dejar pasar los días.
No pude saber
hasta qué punto era adorable.
Quiero decir hasta qué cantidad de neuralgia había
podido verter en los pliegues de su falda o en su
abrigo azulmarino oliendo a viejos inviernos
convertidos al protestantismo.
Sentí que se vaya ahora y ya no ver (o verla) más
en un siglo.
no se sabe qué pasa cuando las cosas son para siem-
pre o para nunca.
en verdad nadie se salva a la desgracia de ausentar-
se, hacerse azúcar en polvo:
imposible volver al frasco, tan pacífico.
Así que debí ser otro ante tales cosas vivas suyas,
glaucas y aguadas.
que lo pases bien que tengas suerte o algo así.
el caso es que la boca suele ser lo más domestica-
do. casi siempre lo más necio y de peor iniciativa.
no quiero volver a verte, de esta manera las cosas
están mejor. O…
qué sensación de pulcritud, de bien hacer,
y cuánta mierda entre los calcetines.

Vicente Verdú, Poleo menta.