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viernes, 6 de junio de 2014

Los 300 escalones






Papá, perdimos tantas cosas 
además de la infancia y los trescientos escalones que tú pintaste 
nunca he sabido si para decirnos que había que subirlos o bajarlos. 
Y ahora pienso, desde tu mano que me ayudaba a recorrerlos, 
que tal vez me dijiste entonces 
que había que subirlos y bajarlos 
y para eso los pintaste 
y para eso pasaste días enteros 
pintando una escalera interminable, 
una hermosa escalera rodeada de árboles y árboles 
llena de luz y amor, 
una escalera para mí, 
una escalera para que pudiera subir, 
vivir, 
y una escalera para descender, 
callar, 
y sentarme a tu lado como entonces

domingo, 30 de marzo de 2014

Flamenco:







Flamenco: 


De la tierra, 
esa música viene de la tierra, 
viene de la contienda, del asalto, del oscuro atropello 
de las arterias del planeta. 
Viene de la preponderancia del fuego, 
del confuso lenguaje de los yacimientos, 
del desconsuelo de los minerales, 
esa música es ciega como las raíces 
y es terca como las semillas. 
Sabe a tierra, como la boca de un cadáver, 
viene y es de la tierra, 
redobla a geología, 
esa música es parda como la corteza, 
compacta como los diamantes, 
no dictamina, sólo muestra 
la voraz certidumbre de lo vivo, 
el vértigo que va desde el sustrato 
a la calamidad que grita. 
Esa música narra el agujero 
que delata en los hombres su ascendencia, 
esa música es toda ese agujero; 
un sordo abismo que reclama 
la primera soledad, el primer llanto 
de la primera noche. 

(De: “La otra música.”) 

jueves, 9 de enero de 2014

Ítaca







Ítaca 


¿Y quién alguna vez no estuvo en Ítaca? 
¿Quién no conoce su áspero panorama, 
el anillo de mar que la comprime, 
la austera intimidad que nos impone, 
el silencio de suma que nos traza? 

Ítaca nos resume como un libro, 
nos acompaña hacia nosotros mismos, 
nos descubre el sonido de la espera. 

Porque la espera suena: 
mantiene el eco de voces que se han ido. 
Ítaca nos denuncia el latido de la vida, 
nos hace cómplices de la distancia, 
ciegos vigías de una senda 
que se va haciendo sin nosotros, 
que no podremos olvidar porque 
no existe olvido para ignorancia. 

Es doloroso despertar un día 
y contemplar el mar que nos abraza, 
que nos unge de sal y nos bautiza como nuevos hijos. 

Recordamos los días del vino compartido, 
las palabras, no el eco; 
las manos, no el diluido gesto. 
Veo el mar que me cerca, 
el vago azul por el que te has perdido, 
compruebo el horizonte con avidez extenuada, 
dejo a los ojos un momento 
cumplir su hermoso oficio; 
luego, vuelvo la espalda 
y encamino mis pasos hacia Ítaca. 

De: Ensayo General: Ítaca. 
poesía completa, 1966-2000

martes, 31 de diciembre de 2013

Los bienaventurados








Los bienaventurados 

                                                            …ellos poseerán la tierra 

Los fieles, los constantes, 
los condenados a lo eterno, 
los asombrados de una sola vez, 
los que sólo confían en el miedo, 
los que edifican sobre el desengaño, 
los cuidadosos que cosechan paso, 
los fareros de la rutina, 
los cómplices tenaces del trabajo, 
los que se mueren razonablemente, 
esos que en tantas ocasiones 
desearían con urgencia 
que hubiese un dios al que pedir socorro. 


De: Ensayo general: poesía completa, 1966-2000

jueves, 31 de octubre de 2013

La esperanza







La esperanza 


No creo que pudiera decir exactamente 
cuántas veces dentro de mí 
recorriendo mis entrañas 
ha respirado o latido o gritado o temblado 
esa cosa que llamamos esperanza 
ese fluido desazonador 
que nos convierte en seres anhelantes 
en criaturas que zozobran 
que tiemblan y no saben hacer otra cosa 
que mirar en todas direcciones 
confiando en que el destino no los defraude. 
La de veces que me he sentido rehén 
de una cosa tan intangible como la esperanza. 
Y el ahogo que nos clausura por dentro 
cuando la esperanza no contesta 
o nos vuelve la espalda 
delicada y decisivamente. 
En qué lugar de nuestro cuerpo 
nace y muere 
esa flor venenosa 
que siempre está dispuesta 
a cantarnos la balada de lo imposible. 
Deberíamos inventar una vacuna 
aunque daría igual porque 
como todos sabemos 
la esperanza es lo último que se pierde. 


(De “Historia de una anatomía, 
Premio Nacional de Poesía 2011) 

jueves, 11 de octubre de 2012

Testigo de excepción











Testigo de excepción 


Un mar, un mar es lo que necesito. 
Un mar y no otra cosa, no otra cosa. 
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre. 
Un mar, un mar es lo que necesito. 
No una montaña, un río, un cielo. 
No. Nada, nada, 
únicamente un mar. 
Tampoco quiero flores, manos, 
ni un corazón que me consuele. 
No quiero un corazón 
a cambio de otro corazón. 
No quiero que me hablen de amor 
a cambio del amor. 
Yo sólo quiero un mar: 
yo sólo necesito un mar. 
Un agua de distancia, 
un agua que no escape, 
un agua misericordiosa 
en que lavar mi corazón 
y dejarlo a su orilla 
para que sea empujado por sus olas, 
lamido por su lengua de sal 
que cicatriza heridas. 
Un mar, un mar del que ser cómplice. 
Un mar al que contarle todo. 
Un mar, creedme, necesito un mar, 
un mar donde llorar a mares 
y que nadie lo note. 


De: Testigo de excepción 
Fuente: Poemas del Alma