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sábado, 10 de enero de 2015

Lágrimas que dejé tras la montaña





Lágrimas que dejé tras la montaña.
Ojos que no veré sino en la muerte.
A través del adiós, ¿quién me acompaña
Si mis ojos que ven no pueden verte?
Lágrimas y ojos que estarán mañana
Tan atrás del ayer.
Aquí, donde no se abre la ventana:
Aquí la tierra mana
Lágrimas y ojos que no te han de ver

viernes, 8 de agosto de 2014

No tuvo





    No tuvo príncipes,
    No tuvo tiranos de botones dorados
    No tuvo simoníacos
    Que intentaran comprar los dones del Espíritu
    No tuvo consejeros falsificadores
    Ni biombos bípedos
    No tuvo traidores salvo dos
    (Uno murió crucificado,
    El otro en los colmillos de Lucifer).
    Sobre todo no tuvo príncipes.
    ¿Por qué príncipes?
    ¿Por estar entre los primeros,
    Ser los primeros o ser los últimos?
    Sobre todo no tuvo aduladores.
    Los aduladores, como se sabe, están
    Hundidos hasta el cuello
    En una laguna de excrementos.
    No tuvo cardenales trepadores
    Ni papas que murieran en olor de maldad.
    No tuvo.

    Que Dios se apiade de ellos.
    Y de nosotros.

sábado, 2 de agosto de 2014

La encantada




      La encantada, la ofendida,
      La trocada y trastocada,
      La que a mí me mudaron
      Como árbol sin hojas,
      Como sombra sin cuerpo.
      Dios sabe si es fantástica o no es fantástica,
      Si en el Mundo se encuentra o no se encuentra.
      La que veo y se esconde,
      La que los niños siempre miran,
      La que jamás verán los Mercaderes,
      La que aparece
      Y desaparece.
      La que conmigo muere
      Y me desmuere.
      La visible,
      La invisible
      Dulcinea.

sábado, 6 de abril de 2013

Canción del río indiferente

              


      Cuando las soledades metálicas de las ruedas hicieron
      Vibrar tu cabeza rasgada por estrellas
      -Rápido, señorial, antiguo,
      Inmutable, prisionero por las islas de arena-,
      Reposaste fluyendo, en la noche, en la muerte.
      Cuando la punta yerta de la flecha se hundió en tierra,
      Y el cuerpo sigiloso del conquistador, vencido, cayó en tierra
      Haciéndose igualmente hueso: tú entrabas en el mar,
      Te detenías huyendo, en la noche, en la muerte.
      Cuando todo sea olvidado (porque todo será olvidado);
      Cuando no recordemos quiénes fuimos bajo ese árbol que ha de ser una mesa,
      Y cuando la mesa se transforme en el fuego,
      Y cuando todo se restituya en ti -¡oh madre tierra!-, en tu terrón amargo:
      Tú fluirás cantando, seguramente cantando
      En la noche, en la muerte.