Persistencia del olvido |
Recuerdo una ciudad como recuerdo un cuerpo.
Caía ya la luz sobre las calles ya caía en tu cuerpo -en un hotel oscuro, o en no sé qué habitación sin muebles de no sé qué ciudad- la luz agonizante de velas encendidas. Un temblor de velas, o un temblor de árboles, en el otoño sucedía -no lo sé- en la ciudad que no recuerdo -ya esa desmemoriada sensación de haber estado allí, ignoro adónde, con alguien que no sé, quizás en la ciudad que siempre olvido. Tal vez era la lluvia: mi pasado ocupa un escenario de calles desoladas. Sin duda era la lluvia golpeando los cristales de un taki, con alguien a mi lado, con alguien que ha perdido sus rasgos con el tiempo. O era yo -no lo sé-, tal vez yo mismo reflejado en cristales mojados por la lluvia. Quizás era en verano, no recuerdo, y era otra ciudad la que ahora olvido. Una ciudad con bares junto al mar, donde tú nunca estabas. No sé bien qué ciudad era aquélla en que la luz tenía la apariencia de una flor abrasada, pero tus manos frías estaban en mis manos, tal vez en algún cine con palcos de oro viejo, en su caliente oscuridad. Una ciudad se vive como un cuerpo, se olvida como él. Posiblemente ahora evoco ciudades que existieron al lado de esos cuerpos que existieron en ciudades que existen tal vez en el olvido. Que deben existir, pero no sé. |
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lunes, 27 de octubre de 2014
sábado, 25 de octubre de 2014
Soledades
Soledades |
Nos van dejando solos los mayores. Se irán
la fresca juventud y los amores cálidos. Y partirán de pronto, sucederán qué cosas, propiciarán qué cartas, y qué libros amargos. Alzando va ya el tiempo la alta torre de la soledad, que nubla el cielo. Y nos llama la sombra con su mano enemiga. Y se adentra en lo oscuro nuestra herida memoria. Ya nos lleva la vida por senda entenebrada, solos ante la destrucción de cuanto amamos. Y ese viento que ahuyenta las estrellas... |
jueves, 20 de septiembre de 2012
Las sombras del verano
Aquel verano, delicado y solemne, fue la vida.
Fue la vida el verano, y es ahora
como una tempestad, atormentando
los barcos fantasmales que cruzan la memoria.
[...]
Se muere el mar de otoño
y hay niños que apuñalan las estatuas
y las olas arrastran candelabros, sables rotos.
Alguien que no conozco me persigue llorando
-pero sé que el verano fue la vida.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
LA MARCA DE FUEGO

No conoce el amor la compasión.
Comparados con él,
el mar enloquecido que destroza los buques
con un látigo blanco,
el viento que desgarra las arenas
o el granizo que quiebra los trigales
son benévolos.
No conoce
el amor la compasión.
Y a fuego marca el tiempo que se apropia.
Felipe Benítez Reyes. Escaparate de venenos.
viernes, 24 de julio de 2009
La condena

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.
Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.
Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras lo cifren
halla sólo palabras.
Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.
Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.
martes, 14 de abril de 2009
LA MAJA Y EL VIEJO

Para un cuadro de Agustin Ubeda
Greciano el caballero, de luto, y una dama.
El la mira pecando. Por un juego de espejos,
hay más damas -él piensa- que en la cama
desnudas se deleitan en tirarle los tejos.
Delante del camastro de colchas historiadas
el hidalgo mirón cata y mide muriente
la traza a la manola, su bella contendiente
de rostro paliducho y esferas sonrosadas.
El pubis de abanico rizado en miniatura
le tiene embelesado. (Ella mira hacia el techo,
temiendo que esta cita retrase la del cura.)
Y al fin el caballero, su honor en descalabro,
de ardores imposibles se desploma en el lecho.
La maja da un suspiro y apaga el candelabro.
sábado, 28 de marzo de 2009
LOS MALES DESPERTARES

Defiéndete de ellas. De esas noches
que merecen los turbios homenajes
de la literatura, y que tú ves brillar
en esa joya oscura
-y banal-
que es siempre una metáfora.
-Vosotras,
noches furtivas, malas perras
de arrabal.
Las que perduran
como emblema de juventud en la memoria
no son noches de amor,
sino de gloria pasajera, de tiniebla
y temor, cuando el fondo de un vaso
describe el cielo sucio
que recorre la estrella
fugaz de la alegría.
Defiéndete de ellas. Del disfraz
literario con que ocultan
su carne de ángel muerto,
su luna de guiñol entenebrada.
Defiéndete de ellas.
Y entre la luz de nuevo
-y entre el aire inocente-
en esta habitación enrarecida.
martes, 24 de marzo de 2009
Las niñas

Llegan con los tacones sucios del barro de los parques,
con un perfume espeso de flores venenosas.
Llegan con gafas negras, radiantes, despeinadas;
la noche las recubre con un palio morado.
Toman licores densos con aires de tragedia.
Tienen nombres de diosa, de colonia o de gato.
No son invulnerables a las historias tristes
y huyen de madrugada, como lunas esquivas.
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