sábado, 24 de diciembre de 2011
El pastorcito
Un pastorcico solo está penando,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.
Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.
Y dice el Pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia,
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!
Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Soleá del amor desprendío
Soleá del amor desprendío
Mira si soy desprendío que ayer, al pasar el puente, tiré tu cariño al río. Y tú bien sabes por qué tiré tu cariño al río: porque era hebilla de esparto de un cinturón de cuchillos; porque era anillo de barro mal tasao y mal vendío, y porque era flor sin alma de un abril en compromiso, que puso, en zarzas y espinas, un fingimiento de lirios. Tiré tu cariño al río, porque era una planta amarga dentro de mi huerto lírico. Tiré tu cariño al agua, porque era una mancha negra sobre mi fachada blanca. Tiré tu cariño al río porque era mala cizaña quitando savia a mi trigo; y tiré todo tu amor, porque era muerte en mi carne y era agonía en mi voz. Tú fuiste flor de verano, sol de un beso, luz de un día; yo te cuidaba en mi mano, y en mi mano te acunaba, y tu, por pagarme, herías la mano que te cuidaba. Pero al hacerlo, olvidabas (tal vez por ingenuidad), que te di mis sentimientos no por tus merecimientos sino por mi voluntad. Yo no puse en compraventa mi corazón encendío; y has de tener muy en cuenta que mi cariño no fue ni comprao ni vendío, sino que lo regalé. Porque yo soy desprendío; por eso te dí mi rosa sin habérmela pedío. Porque yo soy desprendío y doy las cosas sin ver si se las han merecío. Por eso te di mi vela, te di el vino de mi jarro, las llaves de mi cancela y el látigo de mi carro. Ya ves si soy desprendío que ayer, al pasar el puente, tiré tu cariño al río. MANUEL BENITEZ CARRASCO |
jueves, 22 de diciembre de 2011
A unos ojos lindos
me matan de amor.
Ora vagos giren,
o párense atentos,
o miren exentos,
o lánguidos miren,
o injustos se aíren,
culpando mi ardor,
tus lindos ojuelos
me matan de amor.
Si al final del día
emulando ardientes,
alientan clementes
la esperanza mía,
y en su halago fía
mi crédulo error,
tus lindos ojuelos
me matan de amor.
Si evitan, arteros,
encontrar los míos,
sus falsos desvíos
me son lisonjeros.
Negándome fieros
su dulce favor,
tus lindos ojuelos
me matan de amor.
Los cierras burlando,
y ya no hay amores,
sus flechas y ardores
tu juego apagando;
yo entonces temblando
clamo en tanto horror:
tus lindos ojuelos
me matan de amor.
Los abres riente,
y el Amor renace
y en gozar se place
de su nuevo oriente,
cantando demente
yo al ver su fulgor:
tus lindos ojuelos
me matan de amor.
Tórnalos, te ruego,
niña, hacia otro lado,
que casi he cegado
de mirar su fuego.
¡Ay! tórnalos luego,
no con más rigor
tus lindos ojuelos
me maten de amor.
Juan Meléndez Valdés
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Se pide silencio al mar
Esto son mis memorias, mis afanes,
mis confesiones hasta donde puedo,
lances de mucho amor y de algún miedo,
esfuerzos de pigmeo entre titanes.
Me dieron unos peces y unos panes:
unas palabras. Y alguien con el dedo
pronto me amenazó. Estaba en el ruedo
mi carne entre los dientes de los canes.
¿Son otros o los mismos todavía...?
Siguen ladrando... Y él no les hacía
nada... Con palos y con cuerdas pegan.
Enséñame a callar como tu callas,
oh mar, en el silencio de tus playas.
¿Son galgos o podencos los que llegan?
De: Mar viviente
José García Nieto
martes, 20 de diciembre de 2011
El indiferente
Ahora seremos felices, cuando nada hay que esperar. Que caigan las hojas secas, que nazcan las flores blancas, ¡qué más da! Que brille el sol o que arpegie la lluvia sobre el cristal, que todo sea mentira o sea todo verdad; que reine sobre la tierra la primavera inmortal o que decline la vida, ¡qué más da! Que haya músicas errantes, ¡qué más da! Para qué queremos músicas si no hay nada que cantar. |
lunes, 19 de diciembre de 2011
Autobiografías
Nacimos entre espigas y olivares. El uno esperó al otro en la lactancia, y en el primer pinito de la infancia ya escribimos comedias y cantares. Después… libros y novias y billares —¡memorias que iluminan la distancia!—; luego… una juventud, cuya fragancia envenenan agobios y pesares. Fuimos… cuanto hay que ser: covachuelistas, estudiantes, “diablillos”, editores, críticos, “pintamonos”, retratistas… Y hoy como ayer, sencillos escritores que siguen, a la luz de sus conquistas, sembrando sueños por que nazcan flores. Hnos Alvarez Quintero |
domingo, 18 de diciembre de 2011
Elegía
Por el camino de la mar vino el pirata, mensajero del Espíritu Malo, con su cara de un solo mirar y con su monótona pata de palo. Por el camino de la mar. Hay que aprender a recordar lo que las nubes no pueden olvidar. Por el camino de la mar, con el jazmín y con el toro, y con la harina y con el hierro, el negro para fabricar el oro; para llorar en su destierro por el camino de la mar. ¿Cómo vais a olvidar lo que las nubes aún pueden recordar? Por el camino de la mar, el pergamino de la ley, la vara del malmedir, y el látigo de castigar, y la sífilis del virrey, y la muerte, para dormir sin despertar, por el camino de la mar. ¡Duro recuerdo recordar lo que las nuber no pueden olvidar por el camino de la mar! Nicolás Guillén |
sábado, 17 de diciembre de 2011
Evangelio del día
En aquel tiempo un joven se acercó a Jesús entre a turba. Por sus ropas y el uso de su hablar supieron todos que era de otra tierra. —Señor, ¿qué haré para salvarme? —Sé puro. (¡Oh, lecho sosteniendo barro y llama, airadas ingles, lucha sin fin; azada y cúpula!). El joven contestó: —Señor, soy puro; ¿basta con eso? Y Jesús: —Deja tus riquezas y sígueme. (¡Palacios, terciopelos y jardines, vino en cristal tallado, joyas para el honor o la delicia, seguridades de color púrpura!). Y el joven contestó: —Soy rico, pero todo lo dejaría, bien lo sé, por Ti. Jesús lo miró dulcemente. Le preguntó: —¿En qué país naciste? —Señor —respondió el joven—, nací en España. Y Jesús: —Deja a España y sígueme. (¡La estrella, el patio y el silencio, la roca entre el olor de la maleza, la piel herida de la madre, la entraña y la esperanza y el clavel, llaga de amor con desamor basada, patria de fe, glorioso madero!). El joven volvió sobre sus pasos, bajó la frente y empezó a llorar. |
viernes, 16 de diciembre de 2011
Agua de remanso
Ternura: honda manera cristalina de mi ser. Agua de remanso, brisa mansa, luz de amanecer. Nunca es la pena que muerde. Jamás la turbia esquivez, el apego al gris, la fría concha que enciende en el alma una brasa de malogro. Es el gusto de la vida, amor a la claridad, canción de fiesta los lances triviales de cada día. Puede ser melancolía: más serena en su verdad. Apaciguado conmigo, mi ser me sabe y me planta en el fulcro de la vida. Soy: estoy y canto. |
jueves, 15 de diciembre de 2011
Más que yo mismo
Más que que yo mismo
¡Oh, vida mía, vida mía!, agonicé con tu agonía y con tu muerte me morí. ¡De tal manera te quería, que estar sin ti es estar sin mí! Faro de mi devoción, perenne cual mi aflicción es tu memoria bendita. ¡Dulce y santa lamparita dentro de mi corazón! Luz que alumbra mi pesar desde que tú te partiste y hasta el fin lo ha de alumbrar, que si me dejaste triste, triste me habrás de encontrar. Y al abatir mi cabeza, ya para siempre jamás, el mal que a minarse empieza, pienso que por mi tristeza tú me reconocerás. Merced al noble fulgor del recuerdo, mi dolor será espejo en que has de verte, y así vencerá a la muerte la claridad del amor. No habrá ni noche ni abismo que enflaquezca mi heroísmo de buscarte sin cesar. Si eras más yo que yo mismo, ¿cómo no te he de encontrar? ¡Oh vida mía, vida mía! agonicé con tu agonía y con tu muerte me morí. De tal manera te quería que estar sin ti es estar sin mí. AMADO NERVO |
miércoles, 14 de diciembre de 2011
La casa de la vida
Mi corazón es una vieja casa. Tiene un jardín y en el jardín un pozo y túneles de yedra y hojarasca. En esa casa a la que tiran piedras los niños cuando pasan al volver de la escuela, después de haber robado de su huerta magro botín de unas manzanas agrias. En su tejado hay nidos de pájaros que cantan y de noche un cuartel de escandalosas ratas. La glicina cubrió los viejos arcos y una verja de lanzas y una terraza alta a donde llega la copa de un granado con granadas y un palomar y en ruinas unas cuadras. Y un trozo de camino y la lejana claridad del mundo. Está fuera del pueblo y es indiana su arquitectura, ya sabéis: todo un poco mezclado, pero es blanca, es grande, es vieja, es solitaria. |
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