domingo, 30 de octubre de 2011

Arañas, escorpiones



Arañas, escorpiones,
Malignos organismos
Sañudos.
Hoy también
Muy pequeños abismos

Jorge Guillen

sábado, 29 de octubre de 2011

NACE EL POETA CON LA MANO HERIDA…



Nace el poeta con la mano herida
porque a ras de la palma le han cortado
el cordón en los dedos enredado
con que a su madre musa estuvo unida.
Pero se mueve en el papel caída
dejando siempre por el mismo lado
en filial obediencia a un dictado
la señal de que va perdiendo vida.
Sólo un brazo en el cuerpo la protege
y se la lleva al alma, cuna y tumba
donde entrará también cuando sucumba
el puño que en los versos entreteje
golpes contra el barrote de la pluma
que a la pena mayor, la cárcel suma.
Cuarenta y tantos sonetos al soneto, 1998.

viernes, 28 de octubre de 2011

CARACOL



En mí parece vibrar
todo el ajeno penar.
¿Seré como el caracol
que recoge bajo el sol
el gran sollozo del mar?
Canción olvidada, 1947.

jueves, 27 de octubre de 2011

El otoño



Oh mustio afán, qué lánguido consuelo;
qué desazón sin brío, oh lenta calma.
Todo lo que caduca bajo el oro
se bate con la sed de la esperanza.


El río amarillea detenido, 
la rueda del molino bate y canta; 
ésta, veloz e inmóvil permanece; 
aquél, en manos del sigilo, pasa.


Barquera es la ansiedad; sobre los remos 
la fatiga combate la tardanza; 
agua arriba es la fe, rauda y caliente; 
abajo, la ilusión abandonada. 
Las aguas, al subir, rasgan su seno; 
al descender, la siguen desmayadas.


El resplandor callado de otoño 
en vírgenes cabellos se desata. 
La barca lleva un cuerpo desvelado 
bajo la sombra en oro de las ramas.


La carne no es medida para el sueño, 
el espíritu extiende la miada; 
herida sin saetas, la doncella 
siente su compasión enamorada, 
y la hermosura llora a la hermosura 
ante la tierra embellecida y clara.


El invisible tránsito del tiempo 
la declinante majestad declara. 
Amarrada la barca al sauce triste, 
contemplarás tu imagen abismada, 
el color de los ojos en olvido, 
ausente de sí misma la palabra.


Agonizan las frondas, sufre el cielo, 
ya cruje la tierra adentro la pisada, 
y al corazón poblado de caminos 
ya le duele la sangre solitaria.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Fue en un funeral



















Fue en un funeral
y yo sentí que el muerto
leía mis pensamientos
mejor que yo mismo

martes, 25 de octubre de 2011

Un poema


Uslé

¿Un poema es un beso y por eso es tan hondo?
Un poema –¿me quieres?– se aposenta –no hables–
en mis labios que abdican del canto si me besas.
¿Un poema se escribe, se malversa, se abraza?
Oh dulce laberinto de luz, oh tenebrosa,
oh altísima y secreta confusión, amor mío.
Ocaso en Poley, 1982.

lunes, 24 de octubre de 2011

POR EL HOMBRE



Voy a cantar al hombre,
al hombre sólo.
Tapaos los oídos con cera los cobardes,
volved la espalda los indiferentes:
no callaré por eso.
No podría callar aunque me echaseis
un puñado de rosas a los ojos.
Imposible es hallar cumbre o crepúsculo
que arrasar no quisiera
por levantar del polvo a un desvalido.
Apagaría todos los luceros
por devolver a un ciego la mirada,
a un triste la esperanza,
o simplemente
por llevar un minuto de alegría
al ser más humillado de la tierra.
Sólo el hombre me importa,
sólo el hombre:
su vacío infinito,
su valentía y su temor trenzados,
su alma interrogante
azotada de siempre por la duda,
atada a una cadena de preguntas
sin posible respuesta;
su postura intermedia
entre la Nada y Dios
y su impotencia
para negar el pecho a la tristeza.
Tan sólo por el hombre,
por nosotros, hermanos, los pensantes,
los desvelados y los oprimidos,
seguiré golpeando y golpeando
en la hermética puerta clausurada;
seguiré suplicando
desde todas las voces ignoradas,
desde todos los nombres conocidos,
por los que han de venir y los que fueron,
por los niños enfermos,
por los soldados muertos,
por los muertos en el comienzo mismo de la vida,
por los triunfantes y los ajusticiados
de todas las prisiones de la tierra,
por el hombre de siempre
con su destino oscuro
abierto a los confines
lo mismo que una cruz irrevocable,
por su infancia marchita,
ensuciada por todos
sin compasión alguna a su pureza;
por su alocada juventud vencida
a golpes de renuncia y de fracaso,
por su vejez de plomo
vertiendo como alero
su mínimo caudal en el vacío…
Por esta sucesión interminable
de pasos vacilantes monte arriba,
por esta des de altura
de la que siempre fuimos rechazados,
por esta sumisión agradecida
hasta el límite mismo de la muerte,
yo vuelvo a alzar mi ruego
y vuelvo a alzar mi canto
en millones de voces repetido.
Y hablo otra vez del hombre,
de nosotros, hermanos,
en un plural abierto
sin frontera de tiempo ni de raza.
Y ahora que el ademán es aún pujante
sobre esta tierra dura que me aguarda
y bajo estas estrellas que me ignoran,
me descubro la herida,
la herida mía y nuestra,
tan vieja y tan dolida como el mundo,
a ver si la ve Dios, a ver si existe
una gota de gracia que la cure.
Frente a un muro de cal abrasadora, 1967.