Elegía a la Marisela |
No ha muerto. Ha iniciado
Un viaje atardecido. De azul en azul claro —de cielo en cielo— ha ido por la senda del sueño con su arcángel de lino. A las tres de la tarde Hallará a San Isidro Con sus dos bueyes mansos Arando en cielo límpido Para sembrar luceros Y estrellas en racimos. —Señor, ¿cuál es la senda para ir al Paraíso? —Sube por la Vía Láctea, ruta de leche y lirio, la menor de las Osas te enseñará el camino. Cuando sean las cuatro La Virgen con el Niño Saldrán a ver los astros Que en su infancia de siglos Juegan la Rueda-Rueda En un bosque de trinos. Y a las seis de la tarde El ángel de servicio Saldrá a colgar la luna De un clavo vespertino. Será tarde. Si acaso No te han guardado sitio Dile a Gabriel Arcángel Que te preste su nido Que está en el más frondoso Árbol del Paraíso. Murió la Marisela. Pero aún queda un lirio |
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