!Verde el poleo!
!Verde!
Y el mirlo...
!Verde!
!Verde el viento
en la cañada!
!Verde el silencio!
-¿Quien?...
- !Verde el eco
del verde en el agua!
(La noche es verde de tiempo.)
!Verde el poleo!
!Verde!
"De circunscisión del sueño. 1957"
Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte; que no te quite el manto de la perfecta juventud. Inmóvil junto a tu cuerpo de muchacha dulce quede, al hallarte, el tiempo. Si tu hermosura ha sido la llave del amor, si tu hermosura con el amor me ha dado la certidumbre de la dicha, la compañía sin dolor, el vuelo, guárdate hermosa, joven siempre. No quiero ni pensar lo que tendría de soledad mi corazón necesitado, si la vejez dañina, perjuiciosa cargara en ti la mano, y mordiera tu piel, desvencijara tus dientes, y la música que mueves, al moverte, deshiciera. Guárdame siempre en la delicia de tus dientes parejos, de tus ojos, de tus olores buenos, de tus brazos que me enseñas cuando a solas conmigo te has quedado desnuda toda, en sombras, sin más luz que la tuya, porque tu cuerpo alumbra cuando amas, más tierna tú que las pequeñas flores con que te adorno a veces. Guárdame en la alegría de mirarte ir y venir en ritmo, caminando y, al caminar, meciéndote como si regresaras de la llave del agua llevando un cántaro en el hombro. Y cuando me haga viejo, y engorde y quede calvo, no te apiades de mis ojos hinchados, de mis dientes postizos, de las canas que me salgan por la nariz. Aléjame, no te apiades, destiérrame, te pido; hermosa entonces, joven como ahora, no me ames: recuérdame tal como fui al cantarte, cuando era yo tu voz y tu escudo, y estabas sola, y te sirvió mi mano. |
Noche misteriosa, cuando nuestro primer padre supo de ti
por boca de Dios, y tu nombre oyó, ¿no le hizo temblar este hermoso marco, esta espléndida bóveda de luz y azul? Mas tras una cortina de traslúcido rocío, bañado por las grandes llamas de Poniente, llegó Héspero con toda la corte del firmamento, y así vio el hombre ensancharse la creación. Oh, sol, ¿quién podía pensar que tal oscuridad se escondía entre tus rayos, o quién podía saber que habiendo revelado ya hojas e insectos, estuvieras tantas constelaciones ocultando? ¿Por qué entonces nos empeñamos en esquivar la muerte? Si la luz puede engañar así, ¿por qué la vida, no? |
EL RELOJERO EXTRAVIADO |
Siempre va y viene esperando la hora, sube y baja
Los doce escalones de la escalera circular Y luego bebe agua en la sala En un jarrón antiguo que gotea doce veces cada Veinticuatro horas. Después de la última campanada de la iglesia de San Juan Recibe en su jardín la lluvia Para llenar el jarrón, y vuelve a la sala, a su taller, Y entre arenales termina la clepsidra. |
No digas que me quieres, que es pecado,
ni que me eres humilde o generosa: ya ves que sin querer brota la rosa, sin saber qué hermosura al mundo ha dado. . Ley es que hoy el sol enamorado entre los peces del azul transite: ley que hoy el hombre en mí y en ti palpite y sin saber por qué, estés a mi lado. No sientas miedo pues porque me quieres ni llores por mi ayer o tu mañana, mas sé desnuda ante mi ruego tierno: . porque hoy la raza grita en sus dos seres orden fatal de ser. Y a más, hermana, ¡es tan dulce ceder al Fuego eterno! |
ROSA |
Hoy me siento
triste como una rosa de plástico en un cementerio, condenada a vivir en la morada erigida al culto de la muerte, estéril y artificial en mi descarado rojo fuego, frágil en la vergüenza eterna de quien está destinado a ser siempre una máscara en la realidad y un rostro demasiado humano en la ficción |
A Baco |
A tí, de alegres vides coronado,
Baco, gran padre domador de Oriente, He de cantar; á tí, que blandamente Tiemplas la fuerza del mayor cuidado; Ora castigues á Licurgo aírado, O á Penteo en tus aras insolente, Ora te mire la festiva gente En sus convites dulce y regalado, O ya de tu Ariadna al alto asiento Subas ufano la mortal corona Vén fácil, vén humano al canto mio; Que si no desmerece el sacro aliento, Mi voz penetrará la opuesta zona, Y al Tibre envidiará el Hispalio rio. |
POR VOS MUERO |
Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo: vos sola lo escribistes; yo lo leo tan solo que aun de vos me guardo en esto. En esto estoy y estaré siempre puesto, que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, de tanto bien lo que no entiendo creo, tomando ya la fe por presupuesto. Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma misma os quiero; cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir, y por vos muero. |
AL VOLVER |
Aquí nació mi vida a la esperanza
y aquí esperé también que moriría; ahora que vuelvo aquí, parecería que el tiempo me persigue y no me alcanza. Detiene otoño el paso a la mudanza que en la luz, en el aire se extasía; los árboles son llamas, su alegría enciende ya mi bienaventuranza. Todo pasó. Todo quedó lo mismo: como si en este otoño floreciera, ardiendo en el fulgor de su espejismo, última para mí, la primavera; abismo del no ser al ser abismo, la eternidad del tiempo prisionera. |
EL SOL Y LA VIDA |
¡Oh noche! Cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte, ¿no temió que enlutase tu estandarte el bello alcázar de zafir dorado? Mas ya el celaje etéreo, blanqueado del rayo occidental. Héspero parte; su hueste por los cielos se reparte, y el hombre nuevos mundos ve admirado. ¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas, oh Sol! ¿Quién acertara, cuando ostenta la brizna más sutil tu luz mentida, esos orbes sin fin que nos velabas? ¡Oh mortal! Y ¿el sepulcro te amedrenta? Si engañó el Sol, ¿no engañara la vida? |
VIGILIA Y SUEÑO |
La moza lucha con el mancebo
-su prometido y hermoso efebo- y vence a costa de un traje nuevo. Y huye sin mancha ni deterioro en la pureza y en el decoro, y es un gran lirio de nieve y oro. Y entre la sombra solemne y bruna, yerra en el mate jardín, cual una visión compuesta de aroma y luna. Y gana el cuarto, y ante un espejo, y con orgullo de amargo dejo, cambia sonrisas con un reflejo. Y echa cerrojos, y se desnuda, y al catre asciende blanca y velluda, y aún desvestida se quema y suda. Y a mal pabilo, tras corto ruego, sopla y apaga la flor de fuego, y a la negrura pide sosiego. Y duerme a poco. Y en un espanto, y en una lumbre, y en un encanto, forja un suceso digno de un canto. ¡Sueña que yace sujeta y sola en un celaje que se arrebola, y que un querube llega y la viola! |
Desayuno con poesía.